La mujer rural sostiene la vida de las ciudades

Las manos de cientos de mujeres rurales de nuestra provincia son las que día a día alimentan a los habitantes de las ciudades, a los oficinistas, maestros, deportistas y políticos, que para nuestras entrevistadas debido al ajetreo diario, los citadinos son los que olvidan de esta importante labor.

Deleitarse con una ensalada de frutas en el desayuno, almorzar una sopita de pollo acompañada de motepillo y habas, y en la tarde servirse una agüita de toronjil para quitarse el frío cuencano, es común.

Estas escenas cotidianas son suficiente para visualizar por un instante que detrás de estos productos hay manos laborisas que trabajan el campo y que en ocasiones los citadinos se olvidan, menciona la agrónoma Susana Meza.

“Allá (en el campo) hay un universo que empieza donde acaban los socavones urbanos. Un universo menestral, esforzado, donde las conquistas sociales tardan; los citadinos olvidanos de su labor”, enfatiza Meza.

De acuerdo con los datos recolectados por el Observatorio del Cambio Rural, Ocaru, en conjunto con otras organizaciones, detalla que las mujeres rurales trabajan seis horas más a la semana que las mujeres urbanas y trabajan 25 horas más a la semana que los hombres indígenas.

Es decir, ellas no se ocupan sólo de su huerta, de sus animales y sus familias, sino también del trabajo comunitario en mingas, y del cuidado de la comunidad en general; esto sin hablar de las mujeres que se organizan para defender sus territorios y el agua.

“Aquellas mujeres de las que hablamos son las mismas mujeres que mantienen la soberanía alimentaria, nos proveen de comida a la ciudad y han logrando que en el país se produzcan alimentos y que no se necesite importar de los países vecinos”, enfatiza la agrónoma.

Las parteras y comadronas mantienen vivas las redes comunitarias que acompañan a la maternidad, las curanderas son las que a través del uso de la medicina tradicional resisten ante las lógicas de las grandes farmacéuticas que ponen precio a la salud.

Delfa Iñamagua, mujer campesina y responsable de interculturalidad del Distrito 1 de Salud, coincide con Meza y dice “nosotras somos las que cuidamos de las semillas y nuestros productos son los que llegan a las mesas de los cuencanos”. 

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